¿Por qué la plastilina, incluso hoy en día?
Una mirada retrospectiva a un medio que a menudo queda relegado a los recuerdos de la infancia, y por qué merece un lugar en el arte contemporáneo.

A menudo me hacen esta pregunta, y lo entiendo. La plastilina nos remite al colegio, a la gouache derramada, a los dedos manchados. Pero es precisamente eso lo que me interesa: un medio con el que todo el mundo ha tenido contacto, que no impone ninguna jerarquía entre el artista y el público.
En el taller, nadie teme equivocarse. El material se puede corregir y volver a empezar. Es un medio democrático, táctil y, paradójicamente, serio, ya que exige una lentitud y una paciencia que la imagen digital nos ha hecho olvidar.
En la actualidad, mi trabajo explora el bajorrelieve, el volumen y el puntillismo. Se trata de piezas que requieren varios días de trabajo en el taller y que se fotografían con luz natural. La plastilina contemporánea no tiene nada que envidiar al bronce ni a la terracota; simplemente ofrece una relación diferente con el tiempo.

